El liderazgo femenino enfrenta un desafío pendiente en la protección financiera del país

En Ecuador, el liderazgo femenino avanza, pero no en línea recta. Mientras más mujeres ocupan espacios de decisión y consolidan emprendimientos propios, persiste una brecha menos visible, aunque profundamente determinante: el acceso desigual a herramientas de protección financiera.
Según datos difundidos por Mujeres por Ecuador con base en Deloitte (junio,2024), apenas el 15% de los puestos directivos estaría ocupado por mujeres. En paralelo según el Global Findex 2024, la tenencia de cuentas en Ecuador aumentó de 64 % en 2021 a 65 % en 2024.
Más liderazgo, pero ¿con qué respaldo?
En paralelo, el mercado asegurador ecuatoriano muestra señales de consolidación. Con corte a septiembre de 2025, la prima neta emitida acumulada alcanzó USD 1.757,1 millones, un crecimiento cercano al 5% frente al mismo período de 2024, según FEDESEG. El 68% corresponde a ramos generales y el 32% a ramos de vida.
Más allá de las cifras, el comportamiento del sector refleja una tendencia clara: mayor conciencia sobre la gestión del riesgo como herramienta de estabilidad y continuidad. Sin embargo, la pregunta clave es si esa conciencia está llegando con la misma fuerza a mujeres ejecutivas, emprendedoras y trabajadoras independientes.
Para Tecniseguros, la conversación sobre liderazgo femenino no puede limitarse al acceso a cargos de decisión. Debe incorporar una dimensión estratégica vinculada a la protección financiera como pilar de sostenibilidad. “El liderazgo no se mide solo por alcanzar una posición, sino por la capacidad de sostener lo construido. En un país con alta informalidad y brechas de acceso financiero, hablar de protección es hablar de continuidad del hogar, del negocio y del empleo”, afirma Carla Terneus, subgerente comercial de Vida y Asistencia Médica de Tecniseguros.
Gestión de riesgos: una agenda empresarial con enfoque de género
Desde una perspectiva técnica, la protección financiera implica identificar vulnerabilidades personales y patrimoniales, estructurar coberturas alineadas al ciclo de vida y establecer planes de continuidad. Pero desde una perspectiva social, implica algo más profundo: reducir la fragilidad estructural que aún acompaña al crecimiento femenino en el ámbito económico.
Cuando una emprendedora carece de respaldo financiero ante una enfermedad o un evento inesperado, el impacto trasciende lo individual: alcanza a su familia, a sus colaboradores y, en muchos casos, a comunidades enteras que dependen de su actividad productiva.
En un país donde más de la mitad de las mujeres ocupadas se encuentra en la informalidad y donde persisten brechas en inclusión financiera y representación directiva, fortalecer el acceso a instrumentos de protección no es solo una decisión individual; es una estrategia de desarrollo económico.
Anticiparse al riesgo: condición para el progreso
El desafío, entonces, no es solo avanzar en representación. Es consolidar un ecosistema donde el liderazgo femenino tenga bases financieras sólidas que garanticen estabilidad, continuidad y crecimiento.
Porque en un entorno económico volátil, anticiparse al riesgo no es un lujo: es una condición esencial para que el progreso alcanzado no se diluya ante el primer imprevisto.

